Es importante que los profesores estén conscientes que para educar, necesitan primero formarse ellos mismos, es decir, para formar personas, necesitan primero ellos ser más personas, para que de esta manera, sus alumnos puedan aprender con el ejemplo constante y no sólo escuchen sermones sin argumentos o totalmente inconsecuentes con el actuar de su profesor.
Claramente, éste es un proceso complejo, debido a que la sociedad actual ha perdido una visión de futuro, y sólo se preocupa del “aquí y ahora”, por tanto, el valor de cada acción depende casi en exclusivo, si produce un beneficio inmediato o no. Además, se ha sobrevalorado el placer propio y la comodidad, llevando a que cada persona caiga en el individualismo, delegándole la empatía y el servicio a otros a las instituciones gubernamentales o las personas “buenas” y con “tiempo de sobra”. En defiinitiva, nos quejamos de la calidad de la educación, del poco apoyo de la familia, de que los niños cada vez son menos respetuosos, pero no somos capaces de salir de nuestra comodidad, para hacer algo al respecto y de tener la suficiente paciencia, para darnos cuenta que son metas a largo plazo y que los resultados demoraran en aparecer, pero sin embargo, serám significativos y permanentes.
Es por todo ello, que las universidades o institutos que imparten carreras de pedagogía, deben darle un acento especial a la formación sicológica, moral y espiritual de estos futuros profesionales, ya que en ellos estará la educación de miles de niños y jóvenes, que pueden dar un giro a esta mal llevada sociedad.